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Clavijas mecánicas Wittner: ¿merecen la pena?

Hay una promesa que seduce a casi todo el que toca un instrumento de cuerda: afinar con un solo gesto, sin pelearse con la madera que resbala, sin esos microafinadores que siempre acaban pesando sobre el cordal. Esa promesa tiene nombre y apellido: clavijas mecánicas Wittner.

Las he montado en muchos instrumentos a lo largo de los años, y la pregunta que me llega al taller es siempre la misma: ¿merecen la pena? La respuesta honesta es la de casi todo en lutería —depende—, pero merece la pena entender de qué depende.

Qué son y cómo funcionan

A diferencia de las clavijas clásicas de madera, que se sujetan por fricción girando dentro del agujero del clavijero, las clavijas Wittner no se mueven dentro del clavijero. Quedan fijadas en el agujero, inmóviles. Lo que gira es una pequeña sección interna, justo donde se sujeta la cuerda.

Dicho de otra manera: es como si tomásemos el microafinador que solemos colocar en el cordal y lo metiésemos dentro de la propia clavija. Afinas con la clavija, pero con la suavidad y el control de un afinador fino.

Las hay para violín, viola y violonchelo.

Las ventajas

Los pros son bastante evidentes en cuanto las pruebas:

  • Afinar es muy fácil. Todo el ajuste se hace desde la clavija, con un movimiento suave y progresivo.

  • Te liberan de los microafinadores. Ya no necesitas montarlos en el cordal; incluso puedes llevar un cordal limpio, sin afinadores.

  • Adiós a las peleas con la clavija. Se acabó eso de si agarra o no agarra, si resbala, si se suelta sola, si la afinación se va por su cuenta. En comodidad, son una gozada.

Los inconvenientes (y aquí está la clave)

El asunto es que no todos los instrumentos las reciben igual. No es lo mismo un violonchelo que un violín.

En violonchelo: una maravilla

En el chelo están logradísimas. Las clavijas son mucho más grandes, hay más espacio para todo el mecanismo y, por tanto, el reparto del afinado es mucho más fino. Sus inconvenientes son menores, casi desdeñables. Para violonchelo las recomiendo sin dudar.

En violín y viola: piénsatelo

Aquí la cosa cambia. El problema es que el afinado salta un poco: dependiendo de lo fino que seas capaz de hilar —o de lo fino que necesites afinar el temperamento—, puede que no llegues a ese punto de precisión que buscas. Y si al final tienes que seguir montando microafinadores para rematar la afinación, entonces no has solucionado nada: has pagado de más para acabar donde estabas.

En violín, esa falta de finura puede llegar a ser muy exagerada. Yo mismo me he encontrado con dificultades para afinar realmente fino con clavijas Wittner de violín.

El peso

Hay otro factor que conviene no olvidar: pesan. Y van montadas precisamente en la voluta, en la cabeza del clavijero, que es justo la zona por donde sostienes el instrumento durante horas mientras tocas. En el violonchelo, como tocas sentado, el peso te da más igual. Pero en el violín se nota: hay quien lo acusa más y quien menos, quien se cansa antes y quien apenas lo percibe, pero está ahí.

El precio

Tampoco son especialmente baratas. Un juego de cuatro clavijas Wittner ronda los cien y pico euros —no soy bueno con las cifras, pero por ahí anda—. Comparado con un juego de clavijas de madera, la diferencia de precio se nota. Es una inversión.

Entonces, ¿merecen la pena?

Sí, merecen la pena: tienen ventajas reales y resuelven problemas de verdad. Pero la respuesta depende del instrumento y de ti:

  • Violonchelo: un sí casi sin matices. Cómodas, precisas, con inconvenientes mínimos.

  • Violín y viola: valóralo con calma. El peso, el salto en la afinación y la dificultad para hilar fino son contras a tener en consideración. Se pueden probar, sí, pero probar significa gastar el precio de cuatro clavijas, y eso no es poco.

Mi consejo es siempre el mismo: que cada uno lo sopese según lo que toca, según su oído y según cuánta finura necesita de verdad en la afinación. No hay una respuesta única, y quien te diga lo contrario probablemente no ha montado muchas.

Yo solo puedo poner sobre la mesa las dos caras —las ventajas y los inconvenientes— para que decidas con conocimiento.

Lo demás, ya es tuyo.

Pedro Ruíz del Árbol — Taller de Luthier, Madrid. ¿Te estás planteando montar clavijas mecánicas en tu instrumento? Escríbeme y lo valoramos juntos.

 
 
 

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