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Picas de violonchelo: el detalle que cambia el sonido (más de lo que imaginas)

A primera vista, una pica de violonchelo parece poca cosa: una varilla que sale por debajo del instrumento y lo sostiene contra el suelo. Pura función. Pero quien piensa que la pica es solo una cuestión estética —o, como mucho, de comodidad— se sorprendería al descubrir cuánto tiene que decir en la sonoridad del instrumento. Mucho más de lo que cabría imaginar.

Soy Pedro Ruiz del Árbol, luthier en Taller de Luthier (Madrid), y hoy quiero contarte qué picas existen, en qué se diferencian y si merece la pena invertir en ellas. Y, ya que estamos, hablaremos también de los conos, ese otro elemento callado que tampoco es inocente.

La pica no es solo un soporte

La pica transmite vibración. Y todo lo que vibra —o deja de vibrar— en un instrumento de cuerda acaba notándose en el sonido. Por eso el material, el peso y la construcción de la pica importan tanto. Vamos por tipos, de menos a más.

Picas de metal barato (las de hierro)

Son las más económicas y, sí, prácticas. Pero suelen ser de un metal muy pesado y, acústicamente, no son nada buenas. Cuestan poco, cumplen… y poco más. Si me permites un consejo sincero: huye de las picas de hierro. Pesan tanto que cuesta hasta levantarlas, y no aportan absolutamente nada a la sonoridad.

Fibra de carbono

Un salto claro. Son modernas, ligeras y tienen flexibilidad. Acústicamente, muy superiores a las básicas. Su carácter sonoro tiende a ser homogéneo: equilibran graves y agudos de forma pareja, con un sonido más templado.

Su única pega es esa misma flexibilidad: hay quien las encuentra algo incómodas, porque si sacas mucha pica el instrumento tiende a vibrar y a moverse un poco mientras tocas. No le pasa a todo el mundo, pero conviene saberlo.

Titanio

Otro escalón. El titanio es más ligero y más resistente, y muchas vienen agujereadas para pesar aún menos. Con ellas el instrumento no vibra aunque saques mucha pica. A nivel de sonido, a diferencia de la fibra de carbono, el titanio tiende a potenciar los agudos: un resultado un pelo más brillante y focalizado.

Picas resonantes

Una novedad interesante. Son picas de fibra de carbono huecas por dentro, pensadas para resonar mucho más. La ganancia acústica es importante y, a veces, bastante perceptible respecto a una de carbono maciza.

El precio a pagar es físico: al ser huecas no pesan casi nada, y eso significa que vibran mucho si las extiendes bastante o si tocas con el instrumento algo inclinado. Puede llegar a moverse y resultar incómodo. Ganancia de sonido sí; estabilidad, según cómo toques.

Picas acústicas

Aquí el salto es muy grande. Una pica acústica —como las de la marca Faster— está en otra liga a nivel sonoro. Las hay de titanio, de fibra de carbono, de plata y de otros materiales, y cada uno aporta un color distinto (las de titanio, por ejemplo, suenan un punto más brillantes). Lo mejor es que compensan los problemas de las anteriores: no pesan nada, no transmiten esas vibraciones molestas y la ganancia acústica es una barbaridad. Se nota muchísimo. Si puedes permitírtelo, la recomiendo sin dudar.

¿Y cuánto cuesta todo esto?

El sonido, claro, también sube de precio. A grandes rasgos:

  • Fibra de carbono normal: unos 40–50 €.

  • Fibra de carbono resonante: unos 80–90 €.

  • Titanio normal: entre 80 y 100 €.

  • Pica acústica: puedes irte fácilmente a los 800 €.

Parece un salto enorme —y lo es—, pero la diferencia acústica de una pica acústica es brutal. Cada uno sabrá hasta dónde quiere y puede llegar.

Hablemos de los conos

El cono —la pieza por donde entra y se fija la pica en el instrumento— es el otro protagonista silencioso. También influye, y bastante.

Hay conos acústicos, que aportan una ganancia de sonido muy notable (y, cómo no, un coste más elevado). Los hay de aluminio, como los de la marca Bender. Y luego están los habituales de madera, muchas veces de ébano, que suelen llevar por dentro corcho, fieltro o algún material que ayude a rebajar las vibraciones que generan ruidos indeseados.

La clave aquí es doble: que el cono sea bueno y que el luthier lo haya colocado bien. Si se dan las dos cosas, la ganancia acústica es significativa y no debería generar ruidos parásitos. Si el cono es mediocre o queda mal ajustado, es probable que aparezcan vibraciones y sonidos indeseados.

Entonces, ¿merece la pena invertir?

Como casi todo en lutería, depende. Y lo primero que conviene mirar es el propio instrumento: a veces la pica y el cono acústicos pueden valer más que el violonchelo en el que los vas a montar, y entonces el cálculo cambia.

Si tuviera que resumirlo en una guía rápida:

  • ¿Buscas un sonido más templado y equilibrado? → Fibra de carbono.

  • ¿Lo prefieres más brillante y focalizado? → Titanio.

  • ¿Quieres ganancia acústica real? → Picas resonantes o, mejor aún, acústicas.

  • Y siempre, la comodidad: cómo te sientas, cómo tocas y cuánta pica sueles sacar. Una pica muy blanda o hueca puede generar vibraciones según tu manera de tocar.

La pica y el cono son ese tipo de detalle que no se ve en una foto, pero que se oye en cada nota. No siempre hace falta gastarse una fortuna; sí merece la pena elegir con criterio.

Y, por favor, sea cual sea tu presupuesto: nada de picas de hierro.

Pedro Ruiz del Árbol — Taller de Luthier, Madrid. ¿Quieres mejorar el sonido de tu violonchelo con la pica y el cono adecuados? Escríbeme y lo valoramos juntos sobre tu instrumento.

 
 
 

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